Ceremonia de graduación del año académico 2002-2003

Intervención del estudiante de biología, señor Miquel Garí

Queridos compañeros y compañeras, me siento muy orgulloso de poder estar aquí arriba y de tener la oportunidad de decir unas palabras en nombre de los estudiantes, verdadera esencia de la universidad.

 Hoy es un día de gozo y gloria para nosotros, para nuestros familiares y, por qué no decirlo, para la misma universidad. Un día en que el trabajo realizado  por todos durante años nos permite alcanzar nuestros objetivos.

La universidad logra el objetivo de formar a los estudiantes y cumple una de sus tareas principales, a parte de la investigación, dotando así a la sociedad de gente capacitada para asegurar un futuro próspero.

Nuestros padres y familiares cumplen el deseo de dar a sus hijos una buena educación que les permita desarrollarse en condiciones óptimas en esta sociedad.

Y nosotros, los estudiantes, conseguimos acabar la carrera, que tanto esfuerzo nos ha costado.

Y creo que hay que remarcarlo, es un sacrificio que no sólo se traduce a no poder salir durante un par de fines de semana, o a tener un menor poder adquisitivo que muchos otros compañeros de nuestra edad.

Además, implica el hecho de entrar en el mundo laboral ocho años más tarde que los que lo hicieron a los dieciséis. También el agravio que supone a la hora de conseguir una estabilidad económica para poder optar a una vivienda, vivienda que en estos ocho años no ha hecho más que multiplicar su precio, pero no su valor.

Igualmente, implica el esfuerzo que ha supuesto para muchos de nosotros compaginar los estudios y el trabajo durante épocas de verano, o incluso durante todo el año, para poder pagar los estudios y así reducir la carga económica que éstos suponen para la familia.

Pero hay que reconocer que estos agravios valen la pena, ya que nos permiten conseguir nuestro sueño. Y por ese motivo debemos estar agradecidos.

Debemos empezar agradeciendo a nuestros padres que nos hayan aguantado estoicamente durante las épocas de exámenes. No es necesario que les expliquemos nada: ellos ya conocen nuestras histerias y manías, cuando llega febrero, junio y septiembre.

Por otro lado, debemos agradecer a la sociedad que nos rodea el esfuerzo realizado por nuestra educación, ya que tan sólo pagamos el 15 por ciento del coste de los estudios. Y les diremos que no pueden haber hecho una mejor inversión de futuro por nuestras islas, ya que la preparación que nos han subvencionado les será devuelta con creces, dotándolos de personal cualificado, tan necesario en una sociedad en la que escasea, ya que sabemos que tenemos el índice más bajo de universitarios del Estado, y un índice alto de abandono de los estudios al finalizar la ESO.

También tenemos que agradecer la posibilidad de obtener becas que nos ofrece el Estado, sin las que muchos de nosotros no hubiéramos tenido la oportunidad de estudiar.

Pero cabe señalar que esto no basta. Las becas son insuficientes en número y cantidad, si lo comparamos con el resto de España. Y somos de las comunidades donde el coste de vida es más alto. Porque, si nos comparamos con el resto de Europa, nos encontramos a años luz de su inversión en educación. Quizás ellos han entendido que su desarrollo y progreso depende de los jóvenes y, por tanto, de su educación.

Este año el curso académico ha sido muy activo, hemos tenido las primeras elecciones a Rector con la participación de toda la población universitaria, de la misma manera que la reforma de los Estatuts, para adaptarlos a la tan famosa LOU. Y, además, las elecciones autonómicas y municipales. Por si esto no fuera suficiente, sucesos como el desastre ecológico del Prestige y la guerra de Iraq han provocado una gran movilización social, en muchos casos liderada por los universitarios. Los mismos universitarios a los que nos habían colgado la etiqueta de conformistas y pasivos. ¿Será que los políticos no nos han sabido motivar?

Por otra parte, también debemos agradecer la construcción de la nueva rotonda, el inicio del carril bici, y la dotación económica para la construcción en la Universidad de los nuevos edicios Beatriu de Pinós y Melchor Gaspar de Jovellanos, que ya están en funcionamiento, y del nuevo edificio de Serveis Cientificotècnics, que se está construyendo. También el proyecto de ambientalización del campus gracias al lago.

Sin embargo, no es suficiente. Nos falta la mejora de la carretera, prometida ya hace demasiados años. Y que el proyecto de la llegada del tren en 2005, tan importante para los estudiantes de la Part Forana, se convierta en una realidad.

También que se siga invirtiendo en infraestructuras universitarias que todavía nos faltan, como la Biblioteca Central. O en otros que necesitan reforma, como los edificios más antiguos: el Ramon Llull, el Guillem Colom Casasnovas y el Mateu Orfila i Rotger.

Sólo de esta manera nuestra universidad podrá crecer en calidad y prestigio y no se quedará atrás, llegando así en óptimas condiciones al reto europeo que actualmente se nos plantea.

Y ya para terminar, todavía nos falta expresar nuestro agradecimiento a quien nos ha acogido durante estos años de carrera: la Universidad, y más en su vigésimo quinto aniversario. La UIB nos ha visto crecer como personas y nos ha dotado de conocimientos y experiencias. Ha visto cómo hacíamos amistades que durarán toda una vida y, en muchos casos, cómo encontrábamos el amor.

Hay que decir que todo esto no es fácil. Por tanto, creo que es conveniente dar las gracias tanto al equipo rectoral que gestiona esta pequeña ciudad, como al resto de personal universitario, que tanto se preocupa por nosotros. Y muy especialmente a los profesores que nos transmiten sus conocimientos y valores y en muchos casos dedican más tiempo a la universidad que a su propia familia.

Y decir que nosotros los representaremos allá donde vayamos con orgullo y con la cabeza bien alta, por haber tenido la suerte de estudiar en la Universidad de las Islas Baleares.

Enhorabuena y suerte en el nuevo camino que desde hoy empezamos.

Gracias.

Jueves, día 24 de julio de 2003.

Son Lledó.